KANT Y GARY COOPER

KANT Y GARY COOPER

x  José Pablo Feinmann

Estoy estableciendo con mi conducta, dice Kant, aquello que creo que debe ser la conducta de todos. Uno tiene que ser conciente y responsable de sus actos.

En solo 85 minutos el film hace uno de los planteos morales más complejos que se vió en el cine. El marshal está casado con una chica cuáquera interpretada por Grace kelly, que rechaza cualquier tipo de violencia. Cuando él recibe la noticia del indulto del delincuente todos los instan a que se vaya con su esposa. Al principio acepta que mejor es irse, pero cuando está partiendo detiene su carreta porque se da cuenta que no puede hacerlo. Frank Miller y sus cómplices lo van a perseguir donde vaya, y sino, se perseguirá él mismo, porque actuó como un cobarde ante sus propios ojos. Es muy importante esta idea. Éste es su hombre que se mira a si mismo. Y al mirarse a sí mismo, esa mirada tiene un gran poder, el poder de su conciencia. Y su conciencia le dice que aunque huya y salve la vida, vivirá atormentado por su acto de cobardía. “tengo que volver”, le dice a su esposa, que no lo entiende. “Debo hacerlo”, le insiste. Éste es el lenguaje seco de la película, típico de una de cowboys. Tengamos en cuenta, además, que no había films de Cowboys con ésta temática.

Y el marshall Kane vuelve al pueblo a enfrentar su destino. Tiene una esperanza: la gente. Él limpió ese pueblo de delincuentes, entre ellos a Frank Miller. Todos pudieron vivir en paz gracias a su acción. Cooper-Kane considera que tiene todo el derecho de pedir ayuda. Los habitantes se la niegan por distintos motivos, que se resume en uno fundamental: “Si usted se va aquí no pasa nada. Nosotros no tenemos porqué pagar su orgullo, su arrogancia o su valentía. Váyase y acá vamos a estar todos tranquilos”. De alguna manera, le están diciendo que no quieren enfrentar esa realidad, porque esa pelea es su pelea y debe librarla él solo. Él tuvo esa pelea tiempo atrás y echó a los delincuentes para que el pueblo viviera tranquilo. Como A la hora señalada es una tragedia, todos tienen razón. La gente del pueblo piensa: “habrá una pelea cuando Kane y Miller se encuentren. Y alguien saldrá herido, eso es seguro. La gente en el Norte piensa en éste pueblo. Piensa enviar dinero para abrir tiendas y fábricas. Sería muy importante para éste pueblo. Si se enteraran de los tiroteos y asesinos, ¿qué pasaría? Pensarían que es solo otro pueblo más del desierto y todo lo que trabajamos desaparecerá. En un día, éste pueblo retrocederá cinco años. No podemos permitir eso”. Los motivos de los habitantes son atendibles. En realidad, Kane no tiene muy en claro porque se queda, pero sabe que debe quedarse. No quiere huir toda su vida ni mirarse a sí mismo como un tipo que ha escapado cuando el mal lo cercó.
El marshal Kane tuvo una amante mexicana, Helen Ramírez (Katy Jurado) En su desesperación, Grace Kelly va a verla, porque sabe que ella ha sido su amante y supone que lo conoce bien. Y le va a preguntar porque su marido decidió quedarse. Katy Jurado le contesta: “si usted no sabe, yo no puedo decírselo”. Una forma de decirle: “si no sabe porque se queda, no merece ser su mujer”.
Todos tienen razones. “¿Qué clase de mujer es usted?¿Como puede dejarlo así?¿Tanto la asusta el ruido de las pistolas?, increpa la mexicana a la mujer del marshal que está a punto de abandonarlo a su suerte. Pero ella le contesta: “No, señora Ramírez, he oído ese ruido. Con pistolas mataron a mi padre y a mi hermano. Estaban del lado bueno, pero no importó cuando comenzó el tiroteo. Mi hermano tenía 19 años. Lo vi morir. Entonces me convertí en cuáquera. No me importa quién tenga o no razón. Tiene que haber una mejor manera de vivir”. Grace Kelly ha conocido la violencia. No está en contra de la violencia porque le tiene miedo, o porque es una mujer frágil. Vió morir a su padre y a su hermano. Por eso odia la violencia. Ella ha estado en situaciones duras en las que, posiblemente haya manejado armas, pero le dice a Katy Jurado que está harta de eso, que no puede respaldar a su marido porque no quiere más muertes en su vida.

Ahora, ¿Qué tiene que ver esto con el Macartismo? ¿Qué tiene que ver esto con todos nosotros? Es que cuando el mal viene hacia nosotros, generalmente, estamos solos. Y quienes nos rodean, la comunidad, el pueblo, nos dejan solos. Lector, usted puede asociar estas reflexiones con el nazismo, por ejemplo, o con Primo Levi cuando dice: “¿Cómo?¿nadie escuchaba los gritos en la noche?¿No escuchaba el pueblo alemán los gritos en la noches?”. O con la Argentina de la última dictadura. ¿Nadie sabía lo que pasaba? Sí, sabían. Como el pueblo de A la hora señalada, que no escuchaba al marshal, porque es a él a quien vienen a matar. Y no quieren saber nada porque tienen miedo por sus vidas, por eso no salen a defenderlo. Y las dos mujeres, que si podrían haberlo defendido, una parte porque ya no es su mujer y la otra quiere irse porque está en contra de la violencia.
Otra escena impresionante: pasa el carro delante de él y se queda solo en el pueblo. La cámara toma un contrapicado y vemos el plano, uno de los planos para mi más conmovedores del cine, donde Cooper queda solo en el pueblo, es impresionante porque éste hombre despierta una piedad tremenda porque no hay nadie, está solo y vienen cuatro tipos a matarlo. Ese pueblo no existe más. Todos han cerrado la puerta y le dicen al marshal Kane: “arréglese usted”. Frank Miller llega en el tren de las doce. Quizás esto sea una de las inexactitudes de la película, pero no importa. En el tramo final de la película se ven muchos relojes que marcan el avance del tiempo. Frank Miller baja del tren, mientras sus tres pistoleros lo rodean, y mira a Katy Jurado que está a punto de partir en esa misma formación. Él también ha sido su amante.
Comienza el enfrentamiento. Al oír los primeros disparos, Grace Kelly se baja del tren y va en busca de su hombre. ¿No le gustaría a usted que en el momento de mayor peligro de su vida una mina como Grace Kelly llegue a socorrerlo? A veces sueño con eso, aunque no me falta una mujer así. Ella sabe que a el lo pueden matar y deja de lado todo para socorrerlo. Es la única que lo defiende. Porque lo ama. Aquí la película podría terminar, porque lo fundamental es que el se quedó. Hasta podrían haberlo matado, ya no importa. El resultado del tiroteo es secundario. Pero el marshal Kane gana. Muestra su coraje, su valentía, su decisión de enfrentar aquello que venía a destruirlo, a negarlo. Y ella llega, toma un arma y mata al líder de los pistoleros. El final es emocionante. Ya vencedor, el marshal Kane y su esposa suben a su carreta. Él mira a todos con un enorme desprecio, como si les dijera: “No me ayudaron. Yo arriesgué mi vida por ustedes y cuando vine a pedirles que me respaldaran me dejaron absolutamente solo… Me voy de aquí y les devuelvo la estrella que representa la ley… Hagan con ella, lo que quieran, pero yo de este pueblo no soy más su defensor”. Arroja la estrella sobre la calle polvorienta y se va.
Cuando John Wayne vio A la hora señalada dijo: “Pobre Gary Cooper, se dejó engañar por esos comunistas que hicieron esa película”. John Wayne, que fue un gran delator de la comisión Mc Carthy, hizo años después, en 1959, Río Bravo, con Howard Hawks. Allí el sheriff no le pide ayuda a nadie. “Un sheriff es un profesional. Y no tiene que andar por ahí como un maricón”. No son las palabras exactas que usa John Wayne, pero podrían serlo. Si A la hora señalada tiene tanta importancia es porque destruye el mito del sheriff individualista y valiente. Gary Cooper enfrenta a los que vienen a matarlo, pero se pasa toda la película con miedo. Esto es insólito para el formato tradicional. Y el mito termina de destruirse con el rol de la mujer. El marshal Kane triunfa porque lo ayuda su esposa. Esto indigna a Wayne, que defiende en Río Bravo un esquema totalmente contrario, con un sheriff profesional, valiente, sin miedo. Un dato: Gary Cooper ganó el Oscar como mejor actor protagónico por su trabajo en A la hora señalada, pero no asistió a la ceremonia; John Wayne recibió el premio en su nombre.
A la hora señalada cuestiona esa valentía a toda prueba del CowBoy norteamericano. El marshal es humano, tiene miedo y porque tiene miedo es más valiosa su acción. Si no lo tuviera ¿Qué grandeza habría en lo que hace? Todos tenemos miedo. Y justamente nuestras decisiones son más valiosas cuando tenemos miedo. Y lo que hace a la grandeza de Will Kane es que aún teniendo miedo se queda y enfrenta lo que viene. Está sólo ante su conciencia moral. Por eso hablo de Kant. Él está solo. La mirada que lo mira es la propia mirada. La mirada más implacable que hay sobre él es la propia. Esto es lo que hace a la grandeza de este solitario personaje.
A la hora señalada es subversiva. La figura mítica que el cine norteamericano edifica es la del cowboy. Y el género que más tempranamente se desarrolla lo tiene como protagonista. En las películas de vaqueros el héroe es el hombre valiente, que no duda. “Home of the brave” dice el himno norteamericano, “La casa de los bravos”.
A la hora señalada plantea una problemática que perdura: la falta de solidaridad. El pueblo le dice al marshal Kane: “Mire, es su problema. Nosotros no tenemos por qué ayudarlo”. La sociedad actual está basada en el egoísmo. No tengo por qué ayudar al otro. El otro que se arregle con sus problemas. Cada uno vive encerrado en su propia historia y si el otro, el del departamento de enfrente, está en un problema, que se arregle. De algún modo se las tendrá que arreglar.
Durante la última dictadura argentina, cuando a alguien le decían que una persona había desaparecido, una frase muy escuchada era “Algo habrá hecho”. Y es, en realidad, lo que le dice el pueblo al marshal Kane: “Usted quédese solo. Algo habrá hecho para merecer este destino”. Y el marshal podría responder: “Sí, lo que hice fue limpiar el pueblo de malvivientes y que ustedes pudieran vivir cinco años en paz”. “Ah, bueno. Esto a nosotros no nos interesa. El que hizo eso fue usted, nosotros no lo hicimos. Frank Miller viene a matarlo, no me traiga su problema. Su problema no es mi problema”. Esta es la base del egoísmo, de la imposibilidad de colaborar con el otro, de sentir que el problema del otro de algún modo me incumbe, y no de algún modo, me incumbe moralmente, porque el otro no es el otro. El otro es aquel que me completa también.

Siempre nos quedará París. El cine y la condición humana.
José Pablo Feinmann
Editorial CI Capital Intelectual.

feinmann siempre nos quedara paris

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