¡QUE GOLAZO, CHE!

¡QUE GOLAZO, CHE!

Un libro que contiene la palabra de Roberto Fortanarrosa, Cesar Luis Menotti, Fito Paez, Osvaldo Bayer, Reynaldo Sietecase, Carlos Del Frade, Lalo de los Santos, Baglietto, Quique Pesoa, Maria Fiorentino, Ángel Tulio Zof, tiene un tema central… “CANALLADAS” es del año 2000 y tiene dos autores: Javier Armentano y Roberto Caferra que llevaron a cabo un trabajo excepcional de recopilación. 255 páginas donde se resumen hechos y personajes vinculados, de forma medular, a la historia e identidad del club rosarino de Alberto Olmedo, Emir Kusturica y Libertad Lamarque, entre algunos de sus hinchas célebres. Cómo bien dice el libro “…entre otros han abrazado con pasión y ceguera este fenómeno tan profundo llamado Rosario Central….”Pero un hecho que trasciende al libro (y que tanto material aportó a la cultura futbolera argentina) es lo que muchos denominan «el gol más festejado de la historia». El 19 de diciembre de 1971 en el Estadio Monumental de Nuñez, Rosario Central enfrenta a su clásico rival, Newell’s O. Boys, por primera vez en la historia en una instancia decisiva en la era profesional. Nadie hablaba de otra cosa en la ciudad y en el país futbolero.
Ya en el segundo tiempo del encuentro, cuando el lateral derecho uruguayo centralista, Jorge J. Gonnzález, envió un potente centro desde la derecha. Aldo Poy se tiró «en palomita», ganándole al defensor rojinegro De Rienzo, impactó la pelota con la frente y nada pudo hacer al arquero Fenoy, fue Gol de Central. El gol de la victoria. Un gol histórico. El “Canalla” se clasificó para jugar la final del torneo, donde posteriormente se consagraría campeón argentino por primera vez en su historia tras eliminar al equipo que más le deseaban ganar.
Muchos años después, y aunque muchos otros clásicos pasaron, se siguió festejando, cada 19 de diciembre, aquel partido con el gol de palomita de Poy. En 1997 una gesta de hinchas canallas logra unir dos hitos: aquel gol de Poy y el hincha de Central más famoso: Ernesto “Che” Guevara, sí, aquel que contaba Granados, su gran amigo: “Lo quisimos hacer hincha de Racing, porque el Pelao (así lo llamábamos a Ernesto) adoraba al Chueco García, y como Racing lo compró y nosotros éramos hinchas de Racing, lo queríamos convencer. Pero él decía: ‘Yo voy a ser hincha de Central hasta que me muera”.
La O.C.A.L. divertida Organización Canalla Anti Leprosa que se dedica a cargar a Newell’s. Cuenta con orgullo que Granados, cuando le preguntaron por qué Ernesto Guevara Lynch salió de Central y no de Newell’s declaró: “Porque en esa época los de Newell’s eran los pitucos, los niños bien, y el Che siempre luchó contra los pitucos y los niños bien”.
En un capítulo del libro titulado “Sos mi amigo Che” se cuenta el viaje a Cuba, donde Pedro Poy volvía a convertir simbólicamente el mítico gol y se volvía a gritar, aunque esta vez con aditamentos memorables. Rescatamos en Argentones parte de la descripción de ese vicanalladasaje y ese ritual canalla:
Sos mi amigo Che
“Linda, la canción”, piropea Enrique Pérez Castro, un cubano nacido en La Habana a mediados de los 50. El morocho toca bien. De golpe frena y pide precisiones: “Oye, esta bien la melodía”. “Sí, pero porque no escuchamos la versión original que trajimos de Argentina”, respondo “No, vas a tener que tararearla tú, chico” me dice práctico. Y ahí comencé a cantar bajo la inocultable acústica del Lobby del Hotel.
Enrique ensaya la marcha de Central en ritmo de Bolero, su ritmo métrico y vigoroso se transforma en una canción dulce y potente. La fuerza de la tribuna la sangre del Caribe. Una mixtura canalla en el corazón de la resistencia centroamericana.
Sin embargo, junto a sus músicos domina la situación. “Parece un himno de guerra” dice Enrique “me gusta la frase del comienzo, es energética y agradecida”.
“Te aplaude y te saluda jubilosa, la hinchada deportiva que te admira…”, volvieron a cantar esa noche en el medio de la euforia de los evangelizadores canallas en Cuba. Una postal que ya a nadie sorprendía. Era el final de un viaje hecho a las entrañas mismas de la pasión.
67 canallas expectantes partieron en la madrugada del lunes 8 de septiembre de 1997 esperando el gran golpe “Andrés, no pasa nada, parece que nos clavamos” Dijo canchero el periodista de TyC Pablo González a su camarógrafo (el cronista no sabía lo que estaba a punto de vivir. Según sus palabras una de las experiencias más emocionantes de su vida)
“El grupo incluye desde 17 matrimonios hasta hombres y mujeres solas. Edades desde 23 hasta 80, uno de ellos con 4 by pass hechos por el Doctor Favaloro” Respondió recién llegado a La Habana a las autoridades José Vázquez “Además está con nosotros el prócer de nuestra organización, el inmenos y reverenciado Aldo Pedro Poy, el papá de Ñuls Old Boys” agregó ante la mirada desorbitada del funcionario.
“Dígame, Vázquez, es que acaso no me va a dar un buen beso argentino” exclamó en el aeropuerto José Martí la periodista y escritora cubana Ángelacuba Soto Cobian. Ella junto a la funcionaria del instituto nacional de Deporte y Recreación Ledia Valdes, recibieron al contingente. Había preparado reuniones protocolares y una agenda cargadísima para potenciar las actividades evangelizadoras. “No, ahora no puedo es que vine con mi mujer” se excusó elegante el hombre acosado.
“Somos de Rosario, la ciudad argentina donde nació el Che, explica con docencia el odontólogo Rubén Lancieri y a las pruebas se remitía. Obsequiaba copias de la partida de nacimiento del Comandante Guevara y una foto del frente de la primera casa que habitó junto a sus padres “y tome esta remera porque el Che era de Central” agregaba Mario Martorano.
“Para un país guerrero que resiste a la dominación, esta hinchada guerrera que resiste al pechifriísmo” Gritaba Alfredo Blanc en medio de una plaza donde se instala el mercado de venta libre “a ver, vamos todos: Soooy canalllla” ordenaba. Y la hinchada loca cantó bajo un ritmo entonado a puro ron.
“El Che es de Central. Lo fue de niño y en su etapa adulta y lo es ahora en la inmortalidad”. Declamó Eduardo Ferrari Del Sel a quién quisiera oírlo. La embajadora argentina en Cuba y el presidente de la Asociación Cubana de Futbol sonreían. “Es verdad, el comandante Guevara amaba a ese club” decía sin titubear a diplomática al funcionario cubano. Y todos cantaban y gritaban por el Che.
El encuentro con trescientos pequeños deportistas de la isla fue uno de los mojones más intensos del viaje. 500 remeras con la inscripción “Sos mi amigo Che” realizadas por el diseñador de la OCAL, tres juegos oficiales de Central para chicos de las inferiores cubanas, kits de útiles escolares e innumerables cantidades de mercadería y fundamentalmente el cariño y afecto a todo el pueblo cubano, fue entregado por estos evangelizadores alocados.
Tanta fue la repercusión que la televisión de ese país los presentó en sus titulares “la pasión argentina estuvo en La Habana. 70 integrantes del Club Rosario Central de la ciudad donde nació el Che, entregaron casacas del Equipo que de pequeñCentral escudoo eligió alentar nuestro guerrero Comandante” fue parte del texto leído por los locutores.
“Ernesto Che Guevara y Rosario Central unidos en la pasión de su pueblo. Rosario – La Habana” Decía el texto en la placa entregada al teniente coronel Nardo a cargo del Museo de la revolución. El obsequio fue ubicado en la vitrina con elementos personales de la vida del Che, entre los que sobresalían la camiseta oficial y un banderín oficial del club.
La mañana del jueves pintaba linda y se armó. Aldo Poy formó a los equipos y viendo la calidad de los jugadores optó por no entrar a la cancha. “prefiero dirigirlos, sino el único que va a correr soy yo”. Sangre, sudor y lágrimas. El relato de Vázquez se escucha así: “Fernández con calidad para Pérez, rabona magistral para Pepe Maia, atención Rigbi queda solo frente al arquero y ahí, justo ahí, preciso Guevara marca y despeja”.
¿Guevara? ¿Qué Guevara?. Sí, Ernestico Guevara, el hijo menor del Che.
Morocho y morrudo, me tocó marcarlo. Jugaba descalzo en una cancha despareja. Repleta de yuyos y piedras. “hasta la victoria siempre pareció decir antes de irse al ataque para angustiar a nuestro arquero, un descendiente de inmigrantes italianos de apellido Quagliato que ese día jugó el mejor encuentro de su vida.
Junto a Ernestico Guevara tocaban con clase dos pibes de melena rubia a lo Caniggia. Eran Ramón y Ramiro Guevara, los hermanastros del Che.
“Oye, Aldo, ven aquí, basta de dirigir y haz la palomita sagrada de una buena vez” reclamó el periodista cubano Carlos Rodríguez. “Por favor, dejame tirar el centro” pidió Ernestico, sangre del Che.
Y Aldo voló.
Y su vuelo se pareció a la eternidad. Quizás la inercia, la presión, la temperatura o la gravedad del momento, sostuvieron a Aldo en lapso indeterminado de tiempo en el aire, hasta que su cabezazo traspasó a un temeroso émulo de Fenoy. El renovado grito de Gooooooool. Y el turco Kekedigian impulsando el grito “aldo poy, aldo poy, el papá de ñulsoldboys”.

Central, el único Club Argentino que gritó un gol en Cuba.

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  1. Fantastico post. Gracias por compartirlo…Espero màs…

    Saludos

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