PREJUICIO Y VERGÜENZA DE QUEDAR COMO ESTÚPIDOS

PREJUICIO Y VERGÜENZA DE QUEDAR COMO ESTÚPIDOS

Por Martín Alcalá *

El prejuicio es simplemente la estadística elemental que permite a los seres vivos mantenerse así.
Un perrito cachorro irá confiado hacia cualquier cosa que llame su atención.
Luego de recibir un golpe, una mordida, un susto, aprenderá a no acercarse tan confiado o inclusive se alejará de aquello que su mente asocie con aquel incidente.
Esa conducta, basada en aquel aprendizaje, consiste en una proyección.
Un proceso estadístico elemental.
Si tales señales se asocian a algo displacentero ocurrido en el pasado, entonces se sospecha que al aparecer nuevamente, el hecho volverá a ocurrir.
Normalmente eso le sirve para protegerse.
Algunas veces, un exceso de prevención frente a estímulos que no son realmente peligrosos lo termina perjudicando.
El prejuicio puede ser útil, lo es en la mayoría de los casos, o puede ser estéril o inclusive perjudicial.

Al hombre de clase media criolla no le gustan los negros.
Me refiero a las gentes de piel más oscura, los pardos, los gronchos, los amerindios. No sé si he sido claro.

Y no les gustan por razones perfectamente lógicas.
El criollo es descendiente de esos europeos que llegaron y dominaron. El negro es, en alguna medida, descendiente de los pueblos dominados.
La prevención contra aquellos pueblos, quienes podían reaccionar contra sus opresores, se ha transmitido por generaciones a modo de sospecha espontánea. Como así también su consideración de especie inferior, necesaria siglos atrás para encuadrar moralmente los actos para su dominación.
De ese modo, el promedio de los “blancos” argentinos observa con aprensión a la negrada y tiende a sospechar o prevenirse de ellos.
¿Lo duda?
Imagine entonces si habría diferencia en su reacción en caso de que en una noche oscura, caminando por una calle desierta, se le acerca una persona desconocida para hacer contacto.
Piense primero en un negrón cumbiero y luego en Marley.
No Bob, el fumón cantor.
Marley, el rubio que se tropieza en la tele y come bichos.
¿A que no es lo mismo?

Milagro Sala es una negra.
Bien negra.
En su caso, la mixtura, el mestizaje acriollado no está presente o no se nota.
Es una colla como deben ser los collas.
Y para la estética promedio de “shopping center” perfumado, la de Giordano con las modelos de Pancho Dotto en Punta del Este, es un escracho.
Ya su cara la pone bajo sospecha y prevención.
Si usted es criollo, consumidor de tevé por cable y honesto, la considera una negra de mierda hasta que demuestre lo contrario.
Si es un mentiroso moral, busca algún pretexto.
¿Qué mejor pretexto entonces que venga algún desconocido y le diga que se ha quedado con dinero público?
Asunto solucionado.

Bueno, Milagro Sala lidera un movimiento que ha construido esto que se ve en la nota de la prestigiosa revista italiana de arquitectura “Domus”, en un artículo de octubre de 2011 cuya versión digital puede usted ver y corroborar en el siguiente enlace:

http://www.domusweb.it/en/architecture/2011/11/24/welcome-to-the-country-club.html

Una pequeña comunidad de aborígenes de Jujuy, organizada, urbanizada, que cuenta con viviendas construidas con dinero del Estado a cerca de la mitad del costo que le cobran las contratistas privadas al Estado (sí, leyó bien), con escuelas, hospital, fábricas diversas que dan empleo a ciudadanos antes desempleados y en la pobreza.
Y además posee comodidades como un centro deportivo, grandes piscinas recreativas y salas de espectáculos.
Un logro notable realizado por un grupo social apoyado por el Estado.
¿Quién podría molestarse por ello?
¿Quién podría preferir que ellos vivieran en su miseria y desocupación anterior?
Pues, los prejuiciosos.
Los malos prejuiciosos.
Aquellos que terminan perjudicándose a ellos mismos con su erróneo prejuicio.

Los detalles ya molestan.
“Bienvenidos al Cantri”, dice el cartel. “Alto comedero”, reza la entrada al comedor.
Construcciones asemejando palacios incas y símbolos aborígenes.
Es lógico. Son todas cosas de negros brutos y resentidos.
Negros que no usan modismos en inglés, que hasta se burlan de ellos haciéndonos quedar como monigotes colonizados, y que reivindican su origen.
Ahora, objetivamente no se puede condenar penalmente por ello a una activista política y desvalorizar esta obra excelente.
Uno quedaría como un imbécil fanático tercermundista frente a unos europeos que resaltan en una de las mejores revistas de urbanismo el trabajo de los Tupac Amaru.
¿Cómo les explicaríamos a los italianos o británicos que la elogian, que en realidad no nos gusta porque es una negra de mierda?
Sin duda quedaríamos como estúpidos irracionales. Como los sudafricanos del apartheid.
Hay que buscarle algo.
Bueno, el primo de la hermana de un sujeto vecino de otro que trabaja en el Ministerio, le contó a la esposa de mi amigo que la mina se quedó con unos mangos una vez.
Suficiente.
Es una negra de mierda chorra.

Así funcionamos.
Así nos arrean como vacas.
Así un fantoche patético como Gerardo Morales logra meter en cana a esa mujer con pretextos nimios y la sociedad civil jujeña lo alienta al grito de “¡por fin alguien hace algo con estos negros!”.

Sí, como lo presiente…
Somos patéticos.

*) La nota se puede comentar en el Facebook de Martín Alcalá (Pibe Trosko).

jujuy3milagro

  1. Muy bien, caballero Martín Alcalá. Siga así, lo felicito.

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