¡Y LLUEVE Y LLUEVE Y RACING NO SE MUEVE!

¡Y LLUEVE Y LLUEVE Y RACING NO SE MUEVE!

Usted podrá decir lo que quiera, está en su derecho, pero si le tengo que ser sincero, como hay que ser, le digo que sí, que lo que le dijeron es verdad: Me gustan las derrotas cuando llueve.
No me mire como un bicho raro, no es que me guste perder, es que sinceramente le digo, y mire que no es un consuelo o masoquismo, es, ¿cómo decirle? una sensación rara, difícil de entender. Son esas cosas que uno sólo hace y siente por Racing. Porque, por ejemplo, es sabido que si la patrona le pide ir al almacén de la esquina y llueve, uno o se hace el otario o manda al pibe o hasta comete el pecado de comer las milanesas sin limón, pero no sale a mojarse la vereda.
Pero la lluvia en la tribuna es distinta, se le mojan los puchos, se le empapa la espalda, uno ve cómo los jugadores patinan y siguen de largo, redoblando su esfuerzo y es como que todos estamos hermanados bajo la misma lluvia, casi podría decir hasta los de la tribuna de enfrente. gustavoBSA mí me parece que la lluvia es como que saca lo mejor de cada uno. Seguro que los que son muy amargos se van, se lo pierden, de nabos que son. Porque, perdóneme pero los pelotudos son los seres mejores repartidos del mundo, puede ser que no haya japoneses en un barrio, que no haya un dentista en diez cuadras, un pueblo sin hinchas de Atlanta, qué sé yo, pero que cada tantos centímetros salta invariablemente un pelotudo… eso se lo firmo acá.
Estos tipos no valoran la lluvia, ni tampoco lloran por un equipo de fútbol, sólo lloriquean en los velorios. Le tienen miedo a la parte más sagrada del agua que son las gotas de lluvia y el llanto. Usted no tiene cara de pelotudo, se lo digo con franqueza y por eso le digo: pruebe una tarde de lluvia, de visitante sobre todo, salvo con los rojos amargos y con los bosteros, con esos no hay lluvia que me saque la bronca perder, pero vea usted mismo a su alrededor, debajo de la lluvia y disfrute. Va a ver viejos, mujeres, pibes, saltando mojados y cantando: “y llueve, y llueve y Racing no se mueve”, “me mojo, me mojo, hoy lo cagamo’ al rojo”, es impresionante.
La lluvia es la que nos recuerda que estamos ahí, por un sueño, cuando la mayoría esta sentadita en la casa, abrigada, con el control remoto en la mano, por ahí hasta mirando a esos locos, nosotros, que debajo de la lluvia cantamos enamorados. Porque uno se enamora de un club y hace cosas que no hace por casi nadie: amigos, los viejos, los hijos, la patrona, bueno la patrona cuando nos entiende estas cosas, y punto, se acabó, por nada más.o_racing_de_avellaneda_historia-4923279
Me acuerdo una tarde de lluvia, terrible, en Rosario, perdimos con los leprosos, un equipazo tenían. ¡Y cómo llovía! Agua y gambetas, agua y goles. ¡Qué paliza! Era una gotera en el piso del Barba, justo arriba de la tribuna de Racing, porque ellos, en la tribuna local, le digo en serio, se mojaban menos. Y nosotros, cantábamos, nos reíamos a carcajada y de vuelta cantábamos, ¡Qué locura linda!
Porque, ¿qué se lleva uno al otro lado? Nada, entonces hay que vivir, eso de quedarse en la casa porque llueve, déjeme de embromar es amarguísimo. ¡Qué se compren vendas para que el aire no los toque y serán la momia y sin Karadagian!
Vivir no es mirar de reojo, vivir es meterse en la cosa, mojarse bajo la lluvia, comer el helado de agua la tarde de calor, ahí sobre el cemento, como si fuera el manjar más exquisito. Tirarse de cabeza en el gol, abrazarse y sobre todo, tener la grandeza de reírse de una derrota. Como aquella tarde en Liniers, donde una pelota nuestra pegó en el travesaño y ellos ya nos ganaban cuatro a cero y faltaba poco, el gol de Racing no cambiaba la historia obviamente ¿me entiende? Pero nosotros nos trepamos al alambrado, empapados hasta la médula, y les hacíamos señas a la platea de Vélez, burlándonos como que tenían miedo, ¿se imagina? Los tipos nos miraban confundidos. Nos estábamos riendo de nosotros mismos, de nuestra supuesta desgracia. Estábamos ganando porque ellos estaban contentos por sus goles pero nosotros a pesar de la derrota seguíamos siendo felices.Racing_cilindro
Son cosas que muchos no entienden. Es lógico y la lógica no se lleva bien con el fútbol, ni adentro de la cancha ni en la popular. El día que nos obliguen a sentarnos en la cancha y a mirar los partidos mudos como piden los burgueses, los yuppies de los canales de deporte, que no entienden que el fútbol no es un deporte solamente, bueno, ese día, muere el fútbol. ¡Qué ganas de joder! ¿no? En lugar de defender nuestra forma de ser y dejar que los hinchas se expresen, salten, lleven globos, bombos, banderas. Están empecinados en imitar el “afuera”, en creer que lo de afuera siempre es mejor que lo nuestro. Son los típicos boludos que miran embobados la casa del vecino cogotudo, como en el cuento de Osvaldo Ardizzone. ¿Lo conoce? Ese que dice que envidian la casa del vecino que tiene jardín, tejas, de todo pero que se olvidan, o no quieren ver, que nadie canta en la casa del vecino, no tiene fiesta, risa; bueno, con estos cipayos pasa lo mismo: hablan de Europa, de Japón, no entienden que en Argentina, en las tribunas nuestras, nuestra gente canta, gracias a Dios, canta. ¡No somos Japón, Inglaterra, ni nada de eso! ¿Qué sabe un ponja de choripanes, de volver cantando en el tren cuando se gana afuera y también cuando se pierde o se empata?
Lo que pasa es que algunos no valoran nada más que la plata, por eso son pobres eternos. Le tienen miedo a todo, nunca arrancaron un corpiño, se cagaron a palos con alguien y después terminaron amigos, ni se tatuaron un escudo de fútbol en la piel. Esclavos del jefe, la mujer que los domina o el qué dirán. Su único escape es tener guita en el bolsillo y no saben que el llegar con las monedas a comprar una entrada vale más que tener la plata para una platea. Es elegir la opción de empaparse de vida en lugar de quedarse a tejer en casa, porque llueve.racingclub
¿Alguna vez vio a un padre cubriendo a su hijo o un novio a su novia con la bandera, cuando empieza a llover mucho? Es una imagen terrible, hermosa, en serio le digo. Es magia. La lluvia va a pasar por la bandera y se va a mojar igual, pero es el gesto lo que importa, la unión de los colores que ama con la persona que ama. Para emocionarse con eso tiene que dejar la lógica afuera, en la boletería cuando compra la entrada, es lo que digo siempre, nada de lógica, mucho de magia.
Me acuerdo que, justamente, una tarde de lluvia, en un entretiempo, se me acerca un gordo barbudo con dos más. No eran de La Guardia Imperial, de los Racing Stone ni nada de eso. Sí me acordé que era un tipo que había visto en las malas en la cancha de Colón y uno eso lo valora. Es como el amigo que te visita más cuando estas enfermo que cuando estás bien. El gordo, cara de bueno total, me manguea, yo estaba con cinco mangos en el bolsillo, justo para un tinto y para el bondi. Le pregunté para qué me mangueaba, pensado que me iba a decir para el predio de Tita, pero no, el gordo me cuenta la historia de un amigo que murió, que seguía a Racing a todos lados y que querían hacer la bandera más grande de Argentina para que el amigo la viera desde el cielo. Le pregunté ¿me estás tomando el pelo? No, me respondió al toque. Inmutable, el gordo me miraba a los ojos como para que leyera que era verdad. Pasaron, no sé, tres segundos el tiempo en que Rubén Paz armaba una jugada genial; saqué del bolsillo los cinco pesos tan empapados como estaba yo y se los di.racing2
Sé que pusieron guita muchos y que algunos de mucha guita pusieron también. La cosa es que en un partido de la copa, frente a River, desde arriba de la popular empezó a caer una bandera enorme, pero enorme con ganas. Celeste, blanca, celeste, blanca, las manos la iban bajando y a mí el nudo en la garganta me asfixiaba, no podía ni cantar. Tocar el cielo con las manos, dicen, bueno, era eso. El trapo iba tapando cabezas negritas de a miles, nunca se vio algo así, sólo en mi país, sólo en Racing, algo que tendrían que aplaudir los que se quedan en la casa con el control remoto o los que cuando llueve salen a la calle con piloto para cuidar el traje caro y para no mojarse. Era terrible la emoción, bajaba el trapo y nos tapó a todos, el aire debajo de la bandera era aire de Racing, “en el este y el oeste, en el norte y en el sur, brillará blanca y celeste, la Academia Racing Club”… Cantábamos y el orgullo nos abría el pecho, éramos todos Perón y Gardel, que fueron, perdón quiero decir que son, fanáticos de Racing.
bandera6zn22Mire, no lo aburro más, usted debe tener que hacer sus cosas, pero le cuento algo que tiene que ver con esto de la magia, esto que es tan difícil de entender para algunos, y es que, estar en una tribuna no es estar sentadito viendo un partido, sino compartir, es vivir la magia y ser feliz aunque una bandera en el alambrado te tape un corner del campo de juego o termines empapado.
Cuando la bandera subió y empezó a enrollarse y el cielo paso de ser celeste y blanco, a ser negro y estrellado, cuando levanté la cabeza, y sepa que ni idea quién era el amigo del gordo y que le juro que no había tomado nada esa noche, ahí arriba, colgada entre las nubes y las estrellas, estaba la sonrisa de ese tipo, la mirada feliz y emocionada, y entonces sentí las lágrimas del loco que caían en la cara, en la cabeza, en los hombros. Eran lágrimas de emoción y también era lluvia, porque la lluvia también es hincha de Racing.Los_colores_del_AlmaRafael TonLibro “Los Colores del Alma” (agotado).

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