ESTUDIOSOS DE LA TRAMPA

ESTUDIOSOS DE LA TRAMPA

“Cuando hablan de la táctica de Bilardo yo digo: ¡Por favor!, si un día antes del partido contra Corea no sabíamos como íbamos a jugar; no sabíamos si Burruchaga iba a jugar por la izquierda o por la derecha, si el Checho iba a cubrir por el medio o por el costado…”  “El Flaco – Menotti – te resumía el partido en dos palabras; Bilardo tenía que pasarte diez videos para explicarte una jugada.”  – Diego Armando Maradona – México 86 Mi Mundial Editorial Sudamericana

6 de Febrero de 1993: Albístegui sangraba por la nariz y el masajista del Sevilla, aunque era un jugador rival, lo socorrió. El ex técnico de la selección Argentina, en ese momento dirigiendo el equipo del Sevilla, se enfureció. “¡Qué carajo me importa el otro!” Gritaba en el banco. “Al contrario pisalo, pisalo” repetía. Posteriormente, ante el temor a una sanción, desestimó lo visto en los medios españoles, declarando que aquello se había malinterpretado puesto que “pisalo” era una expresión argentina.

¿Estos hechos responden a la formación de una “escuela” donde Bilardo fue uno de los mejores “estudiantes”?sucio_bidon_pincharrata

Existen muchas historias que recuerdan aquel equipo dirigido por Osvaldo Zubeldía a finales de los 60, historias que fueron acompañadas y en algunos casos generadoras de ventajas que alcanzaron triunfos deportivos.

El jugador de Independiente, Raúl Bernao, accidentalmente, hirió de muerte a un amigo durante una jornada de cacería. Sus compañeros lo apoyaron en una depresión muy profunda. Bernao logró volver a jugar aunque admitió que estuvo a punto de dejar el fútbol. Pero claro, eran épocas donde un jugador ganaba bien pero no dejaba de ser un trabajo que le permitía mantener a su familia. En un partido frente a Estudiantes, Bilardo y varios de sus compañeros lo llamaban por lo bajo “asesino” y se burlaban de su estado anímico. No fue la única vez, el periodista Carlos Juvenal se animó a denunciar lo ocurrido con el entonces arquero de Racing: Agustín Cejas. Su madre había fallecido hacía poco tiempo cuando le tocó jugar contra los “pincharratas”. Primer corner en el área y el arquero académico escucha: ¿Así que tu vieja, la que se murió, era p…, no? Los jugadores de Racing que oyeron se indignaron, Cejas no podía salir de su asombro y finalmente Roberto Perfumo reaccionó ante otras provocaciones y terminó expulsado. Estudiantes consiguió el objetivo. Al periodista Carlos Juvenal divulgar esto le costó bastante y desató el rencor pincharrata. Muchos años después, cuando Bilardo era técnico de Boca Juniors, donde fracasó estrepitosamente, el “narigón” fue al diario, en ausencia de Juvenal, para hablar con sus superiores a pedirles que lo despidieran porque criticaba el juego y los malos resultados de Boca.sucio_veron_trampa

El 3 de abril de 1967, en Avellaneda, Estudiantes festeja sacarle un largo invicto a Racing. Los jugadores albirrojos demostraron esa noche una enorme capacidad física pero por momentos se los notó demasiado ansiosos. Dentro de esa ansiedad se destaca un hecho más que sorprendente: Dos jugadores del mismo equipo, con el partido a su favor por 2 a 0, se pelean entre sí. Bilardo solicita hacer tiempo y Pachamé reacciona pegándole a su compañero que se tambalea, pronto se empiezan a agredir y el árbitro decide expulsar a Pachamé por infracción contra un jugador… de su propio equipo.

A consecuencia del “juego” practicado por Estudiantes de La Plata en los años 60, los equipos de Europa se negaron a jugar la Copa Intercontinental. Para conseguir información sobre esto, hay que recorrer más los archivos de Europa que los medios de prensa argentinos, donde el club de la ciudad de las diagonales nunca recibió demasiada criticas al respecto y donde este dato ha sido practicamente censurado. La revista “Forza Milan” recordando estos enfrentamientos y sus contingencias, publicó:

                                                                                  “…Posteriormente los equipos europeos retaceaban disputar Copas intercontinentales. Las faltas poco éticas de los argentinos del Estudiantes de La Plata, con golpes viles cuando no miraba el referí y maltratos de toda índole quedaron en evidencia plena en 1970….”

                        “…Meses después de la final, el jugador Hanegem del Feyenoord Rotterdan declaró para el incipiente periódico NRC Handelsblad: – “en el vestuario, en el entretiempo del partido jugado en Argentina, nos mirábamos con asombro, varios compañeros tenían marcas en las piernas que dejaban unas púas que usaban nuestros adversarios. ¡Sí, pequeñas púas que nos hundían y luego arrojaban si el árbitro se acercaba! Los asientos del vestuario estaban mojados con orina para que no pudiéramos sentarnos y a una parte de su público lo dejaban permanecer próximo al ingreso, donde éramos escupidos. Intentaron lesionarnos cada vez que el árbitro observaba en otra dirección. Aún con todo esto no lograron vencernos, realmente era un rival que parecía más preocupado por dañar que por ganar, contra el Celtic había sido todo muy distinto. Pero no les sirvió, de Rotterdam se fueron derrotados. En Kuip todo fue diferente, no pudieron hacer lo mismo que en Sudamérica y me siento orgulloso porque nosotros procedimos de la mejor manera y les ganamos bien…

Quizás en el exterior podrán exagerar estas “anécdotas” pero incluso algunos de aquellos compañeros de Bilardo, revelaron situaciones que pintaban una forma de buscar ventajas extra-deportivas que iban más allá de hacer tiempo.Raúl Madero confesó: “un día, Zubeldía nos reunió para felicitarnos. Estamos teniendo éxitos extraordinarios con las jugadas de pelota parada, nos elogió. Y salta Bilardo: ¿Y a mí no me dice nada, que toqué todos los genitales de los rivales que forman las barreras? Ese era Bilardo. El mismo que le hizo “tuc” a Nobby Stules y le sacó los lentes de contacto, en la cancha de Boca, y después los pisó, en la final contra el Manchester. (Revista El Gráfico, octubre 2015)poletti

La final contra el Manchester de la que habla Raúl Madero es aquella misma donde los ingleses les gritaban “animals” desde las gradas a los jugadores de Estudiantes, sorprendidos por las patadas, los codazos y la manera de juego desleal de los argentinos.

¿Osvaldo Zubeldía fue el artífice de la “escuela”? En su paso como técnico de Atlanta no hay una sola anécdota de mala conducta por ninguno de sus dirigidos pero sí se pueden advertir novedosas estrategias con pelota parada. Zubeldía llegó a Estudiantes en 1965. El equipo penaba por debajo de la tabla y arrastraba un oscuro suceso: descendió en 1963 pero posteriormente, en un sospechoso arreglo dentro de la AFA, se dictaminó que no iban a descender. Según datos que ya nadie puede demostrar, directivos de Estudiantes, Newells y otros clubes, armaron un pacto interno en AFA y el resultado fue un caso tan real como bochornoso: Estudiantes descendió pero igual quedó en primera.

Vélez, Lanús, Banfield e incluso su archirival Gimnasia, habían estado cerca pero fue Estudiantes el primer equipo “chico” campeón de la era profesional, cuando ya la hegemonía de los cinco grandes se tornaba irritante e incluso empezaba a alejar al público, ya escéptico, de los estadios.

Algunos datos del clásico platense, más allá de los números: cuando falleció Eva Perón en 1952, la ciudad fundada por Dardo Rocha, tomó su nombre. Los directivos de Estudiantes, preservados por el silencio de sus socios, lograron por medio de excusas “hacer tiempo” y nunca se llegaron a substituir los membretes de las cartas ni los dos carteles que ostentaba su estadio de 1 y 57, es decir, siguió siendo “Estudiantes de La Plata”. Gimnasia y Esgrima, al contrario, tomó el nombre y esto le valió que tras el golpe de Estado de 1955 desapareciera la copa del campeón del ascenso que había conseguido a fines de 1952 frente a Colón. ¿La razón? Es que la copa tenía grabado: “Gimnasia y Esgrima de Eva Perón” y la ley 4161 prohibía ese nombre. El 9 de septiembre de 1956 Estudiantes perdió el clásico platense de local. Casi sobre el final, la parcialidad de Estudiantes se hizo escuchar bajo un grito que no se refería al fútbol: “Estudiantes y la marina lo mejor de la Argentina”, la respuesta era previsible, los hinchas de Gimnasia respondieron cantando la marcha peronista, marcha que estaba prohibida. Al finalizar el encuentro, la policía reprimió los festejos de los visitantes.

Clásico platense “amistoso”. Tras esta patada en la cabeza la violencia creció y los posteriores incidentes en el campo de juego llevaron a la suspensión del partido.

En 1982, durante la guerra de Malvinas, hubo un intento para organizar un clásico y  recaudar fondos para los soldados que peleaban en las islas. Estudiantes se negó fundamentando que Gimnasia estaba jugando en la segunda categoría, hasta ese límite llega la rivalidad. ¿Por qué recordamos estos ecos de enemistad entre estudiantes y Gimnasia? es que grafican los contrastes entre ambos clubes, en un caso similar a lo que sucede en Rosario entre Central y Newells y esto nos lleva a preguntarnos, sí en una ciudad tan “futbolera” ¿se habrán puesto de acuerdo para festejar los triunfos de la selección argentina, cuando Bilardo era su técnico? Fundamentalmente porque los datos que nutren la leyenda de la escuela pincharrata siguieron apareciendo. Vale este fragmento de una nota en el portal del andaluz Manuel De Guevara “Las trampas de Bilardo” que indicaba:

                                                                                “…El 24 de junio de 1990 Argentina se jugó el pase a semifinales contra su enemigo secular, Brasil. En un momento del partido un jugador cayó lesionado. Entonces, el masajista argentino, a quien llamaban Galindez, entró en el campo –hacía un calor tremendo- y repartió entre los jugadores unos bidones de agua. Branco, excelente lateral de Brasil, con una zurda prodigiosa, cogió uno de ellos. Y ya no se le vio más. Anduvo errante todo el partido, como ido. La historia empezó a circular enseguida: lo habían drogado…”

Bilardo había llegado a dirigir la selección, no sin resistencia. Algunos oponentes descalificaron sus logros, más que su pasado como jugador. Lo acusaban de lograr salir campeón con Estudiantes gracias a que cuatro de los cinco grandes estaban en su peor momento – con embargos económicos, huelgas, remates, juicios y hasta peleando por no descender-. Y el único “grande” que andaba bien era Independiente pero ocupado en la Copa Libertadores y, de todas maneras, casi le había arrebatado un torneo. Para muchos directivos de la AFA: “Sabella, Ponce, y la crisis del fútbol grande” no eran bases sólidas para el nombramiento del “Narigón”, sin embargo los resultados posteriores confirmaron su condición ganadora.

El periodista Tomas Sanz publicó las palabras de Malbernat admitiendo como le hablaba para “ponerlo nervioso” a Fischer en una final. A Conigliaro expresando: “una de las vivezas comunes de esos tiempos era la de echarle tierra en los ojos a los rivales”. A Pachamé narrando que se reunían con ex-árbitros buscando encontrar fallas en el reglamento.

En el mismo informe en la revista “Humor” Nº 91, ya posicionándose tras los partidos Estudiantes-Milan donde las sanciones, tras la escandalosa violencia de los jugadores pincharratas, derivó en suspensiones y hasta algunas horas en un calabozo, opina: “…un equipo sustentado en el “no juego” y confiado en su capacidad para “trabajar” resultados – vanagloriado de ello, además –debía recorrer necesariamente el camino de la mala conducta creciente, y llegar a la exasperación de la impotencia y la agresión lisa y llana…”pinchas_sucios_

A esta altura podemos afirmar que los datos son demasiados para asegurar que las (in)conductas dentro del campo de juego de Estudiantes son más que una leyenda urbana. En la nota “Yo soy el Víctor de la gente” de la revista “Don Julio” recuerda que en 1969 Víctor Legrotaglie perdió a su hijo de 5 años quién murió cuando jugaba a causa de un golpe accidental. Aquel chiquito había sido la mascota de su equipo mendocino. Debajo de una de las tribunas del Club Atlético Gimnasia y Esgrima de Mendoza existía un pequeño monolito con una placa que lo recordaba. “En un partido ante Estudiantes vi y escuché cuando Pachamé le recordó al Víctor que su hijo había fallecido. Fue la única vez que lo vi desencajado al Víctor” cuenta Guzzo, el abogado -. En el segundo tiempo les hizo ver a Malbernat y a Pachamé que no eran nadie al lado de él. Fue tal el toque que les dio que Pachamé trató de golpearlo porque lo bailaba, el Víctor justo lo esquivó, y Pachamé le pegó a Malbernat.

Una historia más. Aquella tarde, también, el fútbol ganó.

Estudiantes de la trampa, lo han llamado muchas veces, sin que esto cambie las estadísticas a su favor. La pelota no se mancha, dijo D10s, es cierto, pero cuidado: si se pincha con alfileres se puede desinflar y no se puede usar y cuando no estamos hablando de la pelota ya no estamos hablando de fútbol.

Gerardo Asturiano

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