MARCELINO SAUTOLA, EL IMPOSTOR

MARCELINO SAUTOLA, EL IMPOSTOR

La primera vez que Marcelino Sautuola la vio, no le dio demasiada importancia. Sin embargo hubo algo que sí llamó su atención: una piedra cincelada. La imagen que exhibía era un óvalo dividido en cuatro y en cada fracción un punto. Se arrepintió de no guardar la piedra porque aquella imagen quedó dando vueltas en su cabeza. O quizás fue eso lo que lo hizo volver. Fue como sí ese lugar, que no había valorado en su momento, hubiera depositado en él una semilla. Esta fue germinando y fue creciendo su curiosidad.

cuevasdaltamira_Volvió. Y no volvió solo, su hijita lo acompañó. No encontró la piedra cincelada pero cuando estaba investigando la cueva, los ojos de la niña de ocho años se llenaron de asombro y, entonces, llamó a su padre. Animales ancestrales la saludaban. A pesar de su corta edad, la niña presintió que aquellas representaciones no eran algo común.

Cuando Sautuola intentó publicitar el hallazgo se burlaron de él. Incluso un periódico español lo acusó de charlatán, sospechando que el afán de hacer famosa a su hija lo habría” llevado a montar la “escena”. La prensa francesa lo trató de estúpido. Dieron a entender que aquel hombre, posiblemente, habría sido engañado.

Decidió imprimir ejemplares de “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander“, los repartió, llevó gente a ver las cavernas. Pero estas personas ya iban con el prejuicio instalado desde la prensa. Le sonreían y asentían pero luego, descreían o en algunos casos, presumían de haber observado algún detalle que desnudaba una farsa.

¿Cómo iban a creerle? Una nota en La Gaceta de Madrid, había asegurado que era demasiado casual que el tal Marcelino Sanz de Sautuola y Pedrueca – así su nombre completo – había recibido a un pintor francés en su casa, meses antes del incierto hallazgo. Gaceta_de_Madrid_21-03-1867Todo cerraba. Los sabedores de la época, no tenían dudas y lo proclamaban: era un impostor. Tras un congreso en Lisboa, la prensa de Portugal y de España, acompañó un informe con una gráfica de la bóveda. Los lectores confirmaron sus sospechas, era todo una farsa: la técnica era probablemente demasiado elaborada y el paso de los años, no podía haber dejado que los colores se conservaran tan nítidos. Sin la necesidad de ser estudiosos del tema, la opinión pública estaba segura del fraude, la lámina y los datos que exponían los medios donde ellos se informaban eran incuestionables.

A pesar de que el valenciano Juan Vilanova y Piera, versado paleontólogo que residía en Madrid, lo apoyó públicamente, Marcelino no pudo borrar el halo de duda y las miradas de escepticismo que lo acompañaron hasta su fallecimiento en 1888.

Nunca tuvo reconocimiento alguno por su descubrimiento.

Tiempo después se comprobó, por medios científicos, que aquellas ilustraciones provenían del paleolítico. Los giros del destino: los principales periódicos de todo el mundo destacaron, en 1985, que la Unesco distinguiera a la Cueva de Altamira como patrimonio de la Humanidad. Muchos años después de que el difamado Marcelino Sautuola falleciera, innumerables periódicos han editado informes sobre las Cuevas de Altamira, promoviendo su valor histórico y atrayendo a los turistas. Esto ayudó a que muchísimos de sus lectores quisieran conocer la llamada “Capilla Sixtina del arte rupestre”.

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