UN MACRISMO DIEZ PUNTOS

UN MACRISMO DIEZ PUNTOS

1. A dos años de su llegada al gobierno el macrismo atraviesa su fase de legitimación. En el macrismo – como en toda la tradición política de la derecha argentina – la construcción de la legitimidad se basa en la condena del gobierno anterior, al que se caracteriza como corrupto, ineficiente y populista. Esa seña de identidad está presente en el golpe del ’30, en la fusiladora, en el onganiato y en la última dictadura. La sensibilidad antikirchnerista es la columna vertebral del macrismo.

2. Ningún régimen político puede sostenerse durante un lapso prolongado de tiempo apelando a una legitimidad de esas características, que se va licuando, fatalmente, con el paso del tiempo. Es necesario, para avanzar efectivamente en la construcción de un proyecto hegemónico, demostrar mejoras concretas en los indicadores económicos y sociales o, al menos, mantener una sensación de estabilidad en términos macroeconómicos.

PAIS-macri_3. La consolidación del macrismo a lo largo de estos dos primeros años se explica más por cuestiones políticas e ideológicas que por cuestiones económicas. Dejando de lado al diez por ciento de la población que goza de mayores ingresos, el grueso de los votantes de Cambiemos difícilmente haya mejorado su situación económica en los últimos dos años. Sin embargo, el gobierno ha sabido estimular la pulsión antikirchnerista en torno a la cual se amalgama el sentido común de derecha, al tiempo que ha logrado mantener relativamente controladas las dos variables macroeconómicas que históricamente han resultado traumáticas en el plano del imaginario social: la inflación y el precio del dólar. La economía no le alcanza al macrismo para legitimarse, pero tampoco le genera (por ahora) mayores dolores de cabeza.

4. La principal virtud del macrismo y sus ideólogos ha sido la de leer mejor que nadie el grado de expansión que alcanzó en la sociedad argentina ese sentido común de derecha (ignorante, individualista y ramplón) incesantemente estimulado por los grandes medios de comunicación, el aparato publicitario y las pautas de consumo promovidas por el capitalismo en su actual fase de expansión. Para ese sentido común de derecha es absolutamente natural que un gerente de la Shell sea el Ministro de Energía y que se designe al frente del Ministerio de Agricultura al presidente de la Sociedad Rural. O que se reprima a sangre y fuego a una comunidad mapuche. El macrismo ha articulado políticamente lo que durante mucho tiempo permaneció fragmentado, confinado a los comentarios machistas, racistas y xenófobos de los portales de noticias y las redes sociales.

5. Con este sostén ideológico el macrismo busca imponer su objetivo de fondo: transformar de manera estructural la economía y la sociedad en función de las expectativas de las clases dominantes, liquidando de una vez y para siempre la formidable capacidad de resistencia demostrada por el pueblo argentino frente a intentos similares.

6. El plan económico del macrismo – ese pastiche en el que resuenan los nombres de Martínez de Hoz y de Cavallo – es una bomba de tiempo. La magnitud y el ritmo del proceso de endeudamiento no tienen parangón en la historia argentina. Los efectos de la especulación financiera, diferidos en el tiempo, serán devastadores. Más temprano que tarde el modelo económico adoptado irá socavando las bases sociales de esta derecha con conciencia de clase.

7. En el gobierno, las principales cabezas políticas confían en que la gran burbuja del endeudamiento externo y la bicicleta financiera tardará muchos años en explotar, aunque son perfectamente conscientes de que eso dependerá en buena medida de las posibilidades de aplicar un drástico ajuste que permita cerrar la brecha fiscal – otro histórico latiguillo de la derecha argentina. De la mano de esa convicción ha ido madurando, en las esferas del poder, otra certeza: la de que existe una franja importante de la sociedad argentina dispuesta a avalar la represión de la protesta social, o al menos tolerarla.

8. El macrismo es plenamente consciente de que debe aprovechar esta fase de legitimación, cuyas bases son extremadamente endebles, para avanzar rápidamente en la consecución de sus objetivos. Como el tiempo apremia, buscará librar cuanto antes – ya que se siente más fuerte – algunas batallas decisivas contra ciertos núcleos materiales y simbólicos que históricamente diferenciaron a la Argentina de otros países de América Latina. Apuntará, entre otros blancos estratégicos, contra el sistema previsional, la legislación laboral, las estructuras sindicales y la educación pública.

Mac-Allister-Macri9. El macrismo y el sentido común de derecha que lo sostiene repitieron machaconamente, durante mucho tiempo, que Argentina no debía convertirse en Venezuela, ejemplo máximo de un régimen dictatorial, corrupto y populista. El macrismo tiene otra cosa en mente: convertir a la Argentina en un país que se parezca cada vez más a Chile y a Colombia, dos países en los que las experiencias neoliberales hicieron estragos. Está dispuesto a todo con tal de lograrlo y cuenta para ello con el apoyo sin fisuras del conjunto de las clases dominantes y los grandes medios de comunicación.

10. Con esas armas se prepara el macrismo para librar la madre de todas las batallas. Tendrá que vérselas con el movimiento popular argentino, que hoy parece – parafraseando a Cooke – un gigante invertebrado y miope. De la capacidad de ese gigante para ponerse de pie, reinventarse y encontrar los mejores caminos para resistir, dependerá el resultado final.

Martín Obregón

MACRI_INDIOS

 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.