EL NUEVO AZUL, EL VIEJO ORO

EL NUEVO AZUL, EL VIEJO ORO

Acariciando la camiseta de Boca talle dos, Don Jacinto espera. Profesor de historia jubilado, con cincuenta y seis años de ver a Boca, en muchos estadios. Había empezado viajando en tranvía y había terminado yendo en el humilde pero propio automóvil. Hacía ya un par de años que no iba a la cancha. Sentado al lado de la biblioteca, doblaba y desdoblaba  una y otra vez una camisetita azul con la franja amarilla cruzándole el pecho.

Este Boca de ahora no era “su” Boca. No se hallaba en su club, los códigos habían cambiado, los cambios sociales habían desmembrado cierta magia. Sabía de ciclos, de etapas, por algo había elegido estudiar historia pero esto era distinto.

boquensesBoca es otra cosa – le repetía a su hijo – Cuando yo iba a la cancha, a tu edad, estaba bien diferenciada la cosa: de un lado nosotros, el bombo, los grasas, el olor a sudor y perfume barato, el chori que mancha los dedos, la joda, el quilombo bien entendido, a trompada limpia sin cosas raras y del otro, del lado blanco y rojo: los tibios, algún loco de ellos a las perdidas y mucho sabor a platea. Y ver esto ahora, duele. Mientras los gallinas salen de La recoleta y van para las villas de Belgrano, nosotros vamos de Minguito a algún caretita rubio que se la da de periodista deportivo. Hasta la Bombonera está irreconocible: los palcos y plateas se han comido las populares y el piquetero, que debería ser el nutriente de nuestra popular, solo nos escucha por radio.

Ese no es el club que yo quiero, repetía mientras su hijo se preparaba para ir a la Bombonera y él se quedaba refunfuñando. ¡Dejame de joder, hoy tenemos turistas ingleses en la platea y a los visitantes sólo le damos la popular de arriba para comodidad de los socios!. ¡Qué vergüenza! ¡Qué humillación! Antes los visitantes no venían por miedo, porque nuestra Hinchada nunca retrocedía, ahora porque el club no le vende entradas ¿Qué valor tiene eso? Cuando Boca visitaba Rosario, La Plata o iba a Avellaneda los negocios bajaban las persianas, se escondían los tilingos y  pocos, muy pocos, se atrevían a hacerle frente. ¡Mira que iban a necesitar un revolver para ser machos! ¡Mira que Minguitoiban a quedarse mirando como River llenaba las dos bandejas de globitos y banderas! En aquella época pocos iban a la Boca, pero porque pocos se animaban. Te puedo decir cinco hinchadas que le hacían frente: Racing, San Lorenzo, Chicago, Gimnasia de La Plata y Rosario Central. Porque Chacarita en San Martín, Quilmes en el sur y Colón en Santa Fe, a veces. ¿Los de River? ¿Venir como venían en los últimos tiempos antes de que le dejen de vender entradas?: Impensado. Ahora le dicen cuestión psicológica, nosotros le decíamos cagazo. Los tipos no se animaban. ¿Y vos queres que yo vaya a la cancha hoy? ¡Por favor! ¿para qué? le decía a su hijo. ¿Colgar banderas de protesta? ¿Irse antes de un partido? Era faltarle el respeto a la historia de la Hinchada, al Club. Hoy, como dice el maestro Discepolín, todo es igual, nada es mejor. Si pusiéramos el televisor sin colores y sin sonido, casi no se podría distinguir entre las hinchadas, es la verdad. Antes eran cosas muy distintas: Ya no están los negritos de un lado y los cajetillas del otro. Les abrieron las puertas a los cajetillas y le cerraron las puertas a los negritos, en todos los clubes: Ir a un estadio hoy es como comer la gelatina sin sabor que le daban a la abuela en el hospital.

Su hijo casi ni lo escuchaba y él sigue hablando – Fijate que ironía: le pusieron plateas cómodas a los que les da lo mismo ir que verlo por televisión. Son los que van pensando que Boca es un jugador que juega bien o un resultado. Y a los que no tienen guita y se mueren de ganas de estar en la gloriosa Bombonera, a esos que sí quieren estar para alentar, los obligan a ver el partido por cable en algún café.

2e9ec042026a0d77f286556f9e016ebfEl día de mañana, te vas a despertar, rodeado de turistas que hablan en japonés, y tipos sentados cómodos, protestando por perder, como la peor platea de River. Y ojo, la solución está ahí nomás: El negocio es la venta de jugadores, vienen los tanos o los gallegos y se llevan para el Inter o el Real Madrid a un jugador y te pagan lo que recaudas en todo el torneo con las entradas y más también. Entonces hay que vender un jugador bueno por año y abrir las puertas al pueblo que siempre fue Boca. Los palcos dejalos, esta bien, siempre hubo un 25% de gente con guita, se la necesita nada más que para eso: por su guita, pero el 75% tiene que ser pobre, barrio humilde. Esos que como tienen los brazos fuertes de laburar y de pelearlas, están acostumbrados a poner el pecho a las balas, no putean jugadores ni van sólo por el resultado, son los sufridos que van a alentar a Boca por sentimiento. Borrá las plateas y dejá todo popular, seamos los primeros en volver a lo que debería ser el fútbol, la fiesta de los que menos tienen. Eso sí, destiná un lugar para los más viejos y las madres con chicos. Tenemos que respetar nuestra historia. Pero estamos como Sarmiento mirando más a Europa que para adentro, si nuestra cultura es estar parados y saltar, deja a la gente feliz con su cultura, no hay que reprimir más, bastante represión hemos tenido ya.

Sí, inclusive el “show” de la televisión va a vender más cuando otra vez estén en escena, dando color y haciendo sentir su voz los que no tienen voz. Por favor, el espectáculo de La Doce bajo la lluvia o el solazo en las tribunas no lo cambiemos por porristas o por plateas caras y cuando digo La Doce digo toda la popular, no solo el grupo del medio.

bombonera_pinturaPor ahí me equivoco, pero son mis valores, yo me cago en viajar a Japón cuando la amplia mayoría de los que van tienen tres autos, casa quinta y mayordomo. Tiene más valor el tipo que gasta más de lo que puede, con un sueldo esquelético, para ir a Rosario o aguanta en el bosque de La Plata y viaja colado en tren, que un tipo que viaja a Japón porque ganó un premio al abrir un frasco de mayonesa, es decir por hacer bien los deberes y consumir.

El hijo de Don Jacinto – llamado Francisco en homenaje a Francisco “Pancho” Varallo -muchas veces le discutía expresándole: Dejate de embromar con eso de la identidad o que River se populariza. Papá, abrí los ojos: los periodistas son casi todos hinchas de Boca, no porque nos quieran sino por que Boca vende y si además ganamos copas con eso sobra, hoy en día, para sumar hinchas.

Don Jacinto movía los hombros disgustado y le respondía invariablemente: Hinchas de televisión. Compran el osito, la toalla para la playa y el teléfono de Boca y no saben como forma y no van a la cancha en las malas. Tocan dos bocinazos cuando Boca sale campeón y punto. No saben lo que es invitar a una mina a comer un sanguchito de lomito completo en el Caminito, antes de llevarla a la Bombonera o lo que es viajar a Santa Fe. Y esos después son directivos y eligen jugadores que no tienen el estilo de Boca. Son los grandes empresarios, pero que poco saben del club y entonces juega de diez ese carilindo que viene por la puerta de atrás de Independiente y le gusta más salir en televisión que entrenar y es suplente el morochito perfil bajo que se crío en el club, que se mata corriendo y que odia a las gallinas.

Francisco – le decía, cuando ya su hijo se estaba yendo para el estadio –  No tenemos nuestra identidad clara si dependemos del resultado nada más. Solo nos queda, y mutilado: nuestro Estadio. Esa caja de resonancia maravillosa y no por su arquitectura, sino porque tiene el eco de los hinchas de antaño que gritaban ¡Viva Boca! ganando, empatando o perdiendo y que podían saltar en el cemento pintado de azul y amarillo asustando a los rivales. Siendo pro-ta-go-nis-tas, también. Se hablaba de Marzolini, de Gatti, de Rattin, pero inexorablemente también se hablaba de La Doce. Eran parte de lo mismo. Si no entendemos esto Boca sólo sería un club de Fútbol, un equipo de jugadores caros, es decir un equipo millonario…¿me entendés?  Justamente, sólo esa palabra que tanto asco me da.

cambom Sentado acariciando la camiseta talle dos, Don Jacinto repite: -, Hay que preguntarse y preguntarle a los socios de toda la vida: ¿100 plateistas de brazos cruzados o 400 de la popu, gritando? No es tan difícil. Los que en definitiva solo quieren su comodidad y piensan más en ellos que en el club, que lo vean desde su casa, desde un cómodo sillón y con el relato supuestamente cómico que está de moda. Dejemos que el pueblo tenga su fiesta y sea partícipe de ella. Dejemos que los estadios le den cabida al pueblo. Vos sabés lo que pienso: los estadios deberían ser como el estadio de Huracán, el único estadio que quiero sacando el de Boca. Allí deberían jugarse todas las finales de cancha neutral entre equipos de capital. Por ubicación y por la cantidad de populares que tiene, es bellísimo. Ese estadio con un techo y la cantidad de gente que entra en ambas populares sería la segunda Bombonera del país. Los estadios como el gallinero, el chato de Córdoba o, en menor medida los de Mendoza y Mar de Plata, que están hechos para alejar a la gente del equipo, para que los jugadores no sientan el aliento de los hinchas, no sirven. Si las gallinas, con el lamentable crecimiento que han tenido sacaran la pista de atletismo y pusieran ahí populares ¡Madre mía! Ahí se transformaría entonces en un estadio “copero” donde el rival se sentiría incómodo, presionado: Pero por suerte sus directivos no se han dado cuenta y ese sigue siendo un estadio tan frío como el pecho de los que van a sus plateas. Quedáte tranquilo que nunca nos alcanzarán en copas jugando de locales en un estadio así. Los rivales no se sienten incómodos en el gallinero porque la gente esta lejos.

Acariciando la camiseta de Boca talle dos, Don Jacinto espera, ya no murmura. Finalmente aparece Carlitos, su nieto de seis años. Al viejo le sale la misma sonrisa que le despertaban las jugadas de Boye, le amagan a salir dos lágrimas y le tiemblan las manos cuando le pone la pequeña casaca y le dice – vos vas a cambiar la historia pibe, vas a ser presidente y vamos a volver a ser el carnaval popular, la dicha dominguera para los que menos tienen -. Carlitos sonríe. Sin saber bien porque pero prefiere ir a la cancha con el abuelo más que con su papá. Papá protesta mucho, se enoja con los jugadores, en cambio el abuelo le habla de lo que sucede en el campo de juego como si contara un cuento y en la espera del partido, los dos comparten una gaseosa y una bolsita de maní. En ese estadio gigantesco el viejo le habla de jugadores, de goles, de bombos y banderas y de avalanchas enormes en partidos increíbles.

Un día Carlitos será grande y será hincha de Boca, pero será de Boca como su abuelo. Porque muy dentro de él anidará ese recuerdo del viejo gritando: ¡Viva Boca! Y revivirán dentro de él, historias de trenes y tribunas colmadas de banderas xeneises, y la imagen de su abuelo con el pecho inflado, peinándose las pocas canas y guiñándole un ojo y gritando, sobre todo en la derrota: ¡Viva Boca! ¡Viva Boca!.

Bocajrs (3)

 

 

 

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