¿DOÑA FLORINDA SE DIO CUENTA QUE SIGNIFICA EL MACRISMO?

¿DOÑA FLORINDA SE DIO CUENTA QUE SIGNIFICA EL MACRISMO?

NO. Doña Florinda de Argentina o Don Fariseo, (esto no es una cuestión de género) sigue creyendo lo mismo. Un 33% del país es antiperonista, así quede en la calle y coma cartón sucio, siente que no es pobre (chusma) y que no es tan morocho porque vota en contra del peronismo. Doña Florinda sigue convencida que el anterior gobierno robaba torpemente en bolsos y escondía la plata, no en el exterior, sino bajo tierra en la Patagonia y que ese gobierno de corruptos era culpable y responsable de todo lo malo. Y sigue creyendo que el gobierno de Macri tenía buenas intenciones pero “le fue mal”. No le importan los datos, aunque la gestión que odia tomó el país en bancarrota en el 2001, se salió de la crisis, no creó deuda externa, ni dejó sueldos atrasados, e hicieron obras (aunque Doña Florinda también está segura – ella no necesita pruebas y nunca duda– que las universidades, satélites, hospitales, centros culturales, canales de televisión, todo eso lo hacían sólo para robar y para ponerle nombres peronchos). Sigue creyendo que Majul y Marianita Fabbiani son sus “pares” que le decían la verdad, y que en 678 estaban sus enemigos que le mentían. Sigue coreando que a ella nadie le llena la cabeza pero repite, exacto, el manual de los mismos medios que nunca la ayudaron. Usted mire TN y ya sabe lo que ella va a decir. Aunque le hayan dicho que se estaba ganando la guerra antes que se perdiera, le hayan presentado como algo bueno el endeudarse con el FMI y como algo pasajero el corralito que se quedó con sus ahorros, aunque le dijeron que le iría mejor con Macri y su revolución de la alegría, y hoy no llega a fin de mes, nunca aprendió, no existe el replanteo que la lleve a cambiar la matriz de su óptica. Les sigue creyendo..

Criticaba las netbooks a los chicos que estudiaban, la feria de ciencias gratuita, las cunitas, las vacunas y el ProCreAr (aunque por las dudas se anotaba). Se burla de Maradona si se equivoca al hablar pero considera destituyente que se señale que el presidente no sepa leer un discurso. Los que ella acusa de fanáticos ignorantes le advirtieron lo que iba a pasar, y aunque sucedió lo que le avisaron y esto la llevó a vivir mal, Doña Florinda nunca esbozó un replanteó, como dirían ahora, no se deconstruyó. Nunca dedujo que repitiendo el guión de que pagábamos poco por los servicios, se condenaba a sí misma. Afiló el hacha del verdugo, mientras insultaba a quien buscaba ayudar, con tal de que se castigara a los que eran más pobres que ella. Pasó de gritar contra la yegua cuando el tomate subía 50 centavos, a callar y mirar para otro lado cuando no le alcanza para salir a cenar afuera, porque las inversiones nunca llegaron, las promesas quedaron en la nada y se fue gastando la excusa de culpar a otros, durante casi cuatro años, mientras recortaba salidas y gustos.

Doña Florinda es un caso perdido. Cuando su voto gana una elección, comienza su debacle económica junto al resto, y encima se angustia de sólo pensar que alguien sostenga que ha sido estafada. Su soberbia le indica que “la chusma puede ser engañada ¡ella jamás!” Y cuando su candidato pierde, le va mejor pero como odia tanto a los que gobiernan, entonces también la pasa mal. Es que odia el país donde nació y creció. Aunque mejore o empeore su situación económica, vive quejándose porque ella cree que merece, siempre, algo mejor. Es una insatisfecha crónica. Odia su entorno (su vecindad, es decir donde pasa su vida) Detesta a sus vecinos. Menosprecia a los trabajos ajenos, ella se cree una de las escasas trabajadoras. Muchas doña Florinda, odian todo a su alrededor. Sostiene que el resto es corrupto y ella es honesta. Ella merece más pero el país no lo entiende porque, según ella, todo funciona mal. Ese odio a lo cercano, a lo próximo, a quienes comparte su lugar en el mundo, suele provenir de un reflejo alterado, no se quiere a sí misma, ni la vida que construyó. Y es más fácil culpar a lo que la rodea.

Para Doña Florinda o Don Fariseo, el más débil, el más pobre y quien ayude a este tipo de personas a crecer, son el “mal”. Los culpa del hundir el país. No llega a entender que al país no lo dejan crecer esos pocos que esconden fortunas en cuentas en el exterior; los que nos endeudan al resto con el FMI sin construir hospitales, ni jardines de infantes, ni nada; los que se auto-perdonan deudas millonarias y condonan deudas a sus socios empresarios. No tiene criterio para medir beneficios y daños, por algo la indigna más el marginado que roba una billetera en la calle, que aquel que vive en un piso lujoso y estafa haciendo subir el dólar para ganar más millones. Para Doña Florinda de Argentina la violencia es el piedrazo, el grafiti en la pared y no la injusta ley que saca el derecho a tener mejor salud a miles de jubilados. No tiene idea que es un PBI pero se figura que es algo que se puede robar y en bolsos. No distingue quienes entregan millones a periódicos, comunicadores, portales de noticias, canales de televisión, radios que son los que direccionan su opinión con datos arbitrarios, disfrazados de informaciones apolíticas. Esos medios, obviamente, no le explican lo malo de la evasión tributaria o que perjuicio causa una fuga de divisas, simplemente le muestran objetos (fotocopias de un cuaderno, una financiera, la foto de una bóveda) y le señalan cuál debe ser su enemigo. Todos los días. Por todos los medios. Y ella se queda viendo los tentáculos, nunca el pulpo. Si el medio de prensa que lee, debe cientos de millones de impuestos, qué bien podían usarse para mejorar hospitales o escuelas, Doña Florinda no se entera, pero sí se indigna y se siente perjudicada, cuando ese medio -deudor  -muestra ingresos excesivos de supuestos enemigos de la sociedad. Tampoco logra dimensionar que el problema son esos pocos herederos que se adueñan de lo que después le cobran a millones de argentinos (ella inclusive): el peaje; las transmisiones de los partidos; el azúcar; la energía eléctrica (sin que pueda buscar otra empresa). Por eso es que cree que los que “trabajan” son los que alquilan campos y le dicen vagos a sus peones. Cómo no fabrica, a lo sumo solo revende mercadería, no le importa si los productos importados  destrozan las fábricas de su país y dejan gente en la calle.

En síntesis: no se puede hacer mucho con los don Fariseo y las doña Florinda de cierta edad. Su miopía no es biológica, es ideológica. No es dueña de ninguna vecindad pero cree que es más que el resto porque ella paga sus impuestos. Le han hecho creer que no será pobre si defiende a los más ricos. Y no puede salirse de esa estructura. Fíjense que ridiculez: doña Florinda está segura que los políticos que le dieron el derecho a cobrar pensión de ama de casa, un aguinaldo, los que más escuelas levantaron, los que construyeron el aeropuerto que ella usa cuando viaja, que legitimaron las vacaciones pagas, sembraron universidades sin arancel para Quico, son, según, ella, los políticos “malos y ladrones”. Y los que endeudan al país, sacan derechos, se quedaron con sus ahorros, les sacan remedios a los jubilados, recortan salarios, esos son, según su creencia, los “buenos que les va mal”…No gaste energías en argumentar, ni en proponerle sueños colectivos, militancia o amor por sus compatriotas, su comunidad y su tierra. No les interesa el bien común, simulan pero les brota su aporofobia y su egoísmo, lamentablemente Doña Florinda o Don Fariseo ya no tienen cura. – Rafael Ton – Autor del libro “El sindrome Doña Florinda” florinda

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