DE ROMA ANTIGUA A ARGENTINA

DE ROMA ANTIGUA A ARGENTINA

Hace muchos años, en Roma, un grupo de mercaderes y sus herederos, se quedaban con las mayores ganancias de la gran ciudad. La riqueza de este grupo superaba la suma de todas las fortunas de los miles de habitantes restantes.

Este grupo se beneficiaba incluso en tiempos de guerra, vendiendo armas, espadas y lanzas que fabricaban sus sirvientes, quienes recibían comida y una manta donde dormir, a cambio de dicha labor.

Pasados unos años, el senado empezó a criticar a este grupo que tanto oro y lujos acumulaba y que manejaba los hilos del mercado y hasta se enriquecía con la muerte de sus conciudadanos durante la guerra. Varios miembros del Senado propusieron un par de impuestos que mejorarían la vida de todo el resto de los ciudadanos y no perjudicaría para nada la vida de estas familias, ya que seguirían siendo las más ricas. Para asombro de los políticos, luego de algunos secretos oraculodonativos, los augures y las pitonisas comenzaron a hablar de las riquezas de los políticos, de la maldad de los políticos y de la corrupción del senado.

“Los políticos son todos ladrones que se enriquecen quedándose con lo que debería ser nuestro”, se empezó a escuchar.

En poco tiempo, los más ricos, lograron invalidar la única herramienta de los ciudadanos, para forzar una mayor distribución de las ganancias: la política. No se trataba de dividir riquezas, se trataba de distribuir más equitativamente para que todos vivan mejor. Los oráculos fueron logrando que los senadores más pudientes fueran sospechados y hasta señalados con odio, por cómo vivían.  Nadie se percató que ningún político llegaba a tener ni la cuarta parte de posesiones de cualquier integrante de aquel grupo y sus herederos.

La mayoría de la gente, aunque lo negara, e incluso los esclavos, creían saber que sucedió, que sucedía y que podía suceder, según lo que decían los adivinos de la época.

Cuando un gobierno roba, pero roba en serio, el robo se puede comprobar fácilmente: empiezan a multiplicarse los despidos; se ven comercios y fábricas que cierran; suben los precios y la ciudadanía no llega con sus salarios a pagar impuestos, alimentarse bien y transportarse. Todo el país se endeuda y comienza a recibir órdenes del FMI.

Es decir, se puede decir que un gobierno roba, cuando las evidencias son notorias, porque afectan a su sociedad: cuando daña el  tejido comercial  interno, cuando implanta un modelo que excluye a la amplia mayoría, y sale beneficiado, únicamente, un grupo de grandes empresarios que llevan al exterior las ganancias que cosechan en el país. Los que facturan millones gracias a tarifas altas y suba de precios. Los grandes medios de prensa que ganan millones por cubrir al gobierno, e intentan adoctrinar a la gente para que sienta identificación y empatía con quienes en realidad los están perjudicando.

La única herramienta del pueblo para mejorar su situación es la política, el engranaje son los políticos. Por eso quienes tienen las mayores fortunas se han tomado el trabajo de ensuciarlos tanto, de señalarlos como los que se enriquecen de mala forma y son corruptos.

Las empresas comerciales de prensa, con sus canales, sus programas de televisión, sus divas, los pseudo debates, con sus diarios, radios, páginas de internet, buscadores de internet, etcétera, hacen su trabajo, y salvo cuando la crisis golpea fuerte a demasiados sectores, esto genera resultados. Lleva a que miles de personas desprecien a los que levantan hospitales y universidades gratuitas por los nombres que les confieren, que rechacen a los gobiernos que les dieron el aguinaldo anual, el pago de horas extras, las vacaciones pagas, netbooks a los pibes que estudian y remedios a los jubilados. Esto lleva a que después de apoyar un gobierno que termina bajando su nivel de vida,  y que sólo favorece a un grupo, el que más millones tiene, mientras endeuda al país, mucha gente repita, para no admitir que votó en contra y le jugó en contra: “los políticos son todos iguales porque todos roban”. Esto es ni más ni menos que un eco de aquel discurso romano que utilizó un grupo de acaudalados mercaderes y sus herederos, que se quedaban con casi todas las riquezas de su región, para lograr que los políticos no puedan distribuir las ganancias, al menos un poco, para ayudar al resto de los ciudadanos a vivir mejor.

Area Sacra di Largo Argentina, Roma

 

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