SOBRE REINAS Y PRINCESAS

SOBRE REINAS Y PRINCESAS

“…Se tejió a sí misma una crisálida de belleza, fue empollándose reina, quién lo hubiera creído. «Tenía el pelo negro cuando la conocí», dijo una de las actrices que le dio refugio…” “…Aunque lisa de pechera, su figura impresionaba bien. No era de esas mujeres por las que se dan vuelta los hombres en la calle: caía simpática pero a nadie le quitaba el sueño. Ahora, cuando me doy cuenta de lo alto que voló, me digo: ¿dónde aprendió a manejar el poder esa pobre cosita frágil, cómo hizo para conseguir tanta desenvoltura y facilidad de palabra, de dónde sacó la fuerza para tocar el corazón más dolorido de la gente? ¿Qué sueño le habrá caído dentro de los sueños, qué balido de cordero le habrá movido la sangre para convertirla tan de la noche a la mañana en lo que fue: una reina?…” Tomás Eloy Martínez “Santa Evita”

He notado que la palabra “Reina” molesta e incluso que las reinas no son bien miradas por las mayorías. Podría decir que se las juzga más que a los reyes, se les exige más, son más proclives a que les caiga cerca alguna burla de cualquier mediocre. Princesa está bien, incluso a las mujeres pobres se les permite soñar con ser princesas, a las niñas de clase media se las disfraza como a esas princesas que viven esperando subirse al Cuadro_Evitacarruaje para acompañar, sumisas, al príncipe. Princesas sí, pero… reinas…

A George Lucas se le ocurrió una princesa con voz de mando, estratega y rebelde, claro que se lo permitieron porque era en una galaxia muy lejana. Para la mayoría de la prensa: la princesa Lady Di era la buena y la reina Elizabeth II era la mala. Para Disney la villana era la reina, una reina con poderes, y Blancanieves era la buena, la que una vez que el príncipe la beso, se subió al caballo y saludó, desde arriba, a los siete enanos que le habían salvado la vida y ayudado. La única vez que Julia Roberts hizo de “villana” fue cuando hizo de reina. Recordemos también a la reina de corazones en «Alicia en el país de las maravillas» y a la reina de las nieves.  Aunque hay un refrán que dice: Abejas sin reina: está perdida la colmena, es más conocido aquel que sentencia: «Donde reina la mujer, el diablo es primer ministro.»

Pero reinar es tener un reino a cargo, es cumplir funciones específicas de mando. Reinar es tejer estrategias, ser reverenciado, es alguien que debe ser escuchado, es saber lo que significa tener el poder de mejorar o empeorar vidas. Da la sensación, quizás esté equivocado, que ser princesa es una función accesoria, más ligada a la vestimenta, la belleza exterior y al acompañamiento sonriente y sumiso. Pero ser reina es otra cosa, es liderar, y ese lugar es como que está reservado para un hombre. En el ajedrez la reina se mueve más que el rey, se desliza con poder por el campo de batalla. Pero el juego termina cuando el rey no tiene salida. La reina puede ser abnegada, entregar su vida en pos del reino que defiende.

Reina no es solo usar corona. Se puede ser reina por el conocimiento, en la gesta, incluso en los modales. Se puede llegar a ser reina, sin corona, sin lacayos. Llamar reina a una mujer, sobre todo cuando se lo hace desde la admiración y el afecto, cuando se ha ganado el ser calificada como tal, ya no por una cuestión de casta, sino por su valor, su carácter, su capacidad, genera una enorme molestia en los conservadores, en los mediocres, en los vigilantes y en alguna de esas muchas mujeres que pasaron su juventud anhelando en vano que un príncipe apareciera, las besara y las distinguiera como princesas.

Rafael Ton

cfkreyes

 

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